Los ‘Herejes’ que no miran el Mundial

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Augusto Jacquier es un joven polifacético. Realizador audiovisual, director editorial de Ese, revista literaria digital; e impulsor de una iniciativa novedosa: los cuentos pulgares, relatos hiperbreves que son distribuidos a través de telefonía celular. Pero, a pesar de su intensa actividad profesional,  por estos días Jacquier tiene una obsesión: el Mundial de fútbol Sudáfrica 2010.

A diferencia de los millones de fanáticos del balompié, su fiebre mundialista pasa por otro lado: ¿Qué hace la gente que no mira el mundial? Mientras la pasión contagia y los medios homogenizan el debate, el graduado de la Universidad Abierta Interamericana intenta plasmar la segunda parte de un falso documental que ha tenido repercusión nacional.

Calles vacías, una Rosario apacible y ecos de goles en rincones inhóspitos son algunas de las postales de ‘Herejes’. Aunque, lo más sorprendente, son los testimonios de la gente. Los fanáticos que intentan explicar lo que ellos no entienden. ¿Existe la gente que detesta el Mundial? “Sí, existe”, responde Jacquier en la realización.

¿Te gusta el fútbol?

No. No me importa, en realidad. El fútbol como deporte no me molesta; lo que me molesta es el fútbol como manifestación social y cultural en nuestro país.

¿Cómo surge la idea de ‘Herejes¡?

‘Herejes’ surge de la necesidad de grabar un documental para una de las materias de la facultad, y de la inquietud de Sebastián González, uno de los integrantes del grupo, en torno a qué es lo que hace una persona a la que no le gusta el fútbol cuando Argentina juega un partido del Mundial.

¿Qué es un falso documental?

Un falso documental es, en este caso, la puesta en escena de una situación que pretende hacerse pasar por verdadera para apoyar -visual y argumentalmente- la idea y, por supuesto, el registro documental real que recoge los testimonios de personas que opinan sobre el tema en cuestión. El falso documental es quizá el formato que mejor permite jugar con el armado de un universo -personajes, acciones, circunstancias- análogo al real, no sólo para dar un mayor viso de verosimilitud a la propuesta -se sabe que la gente cree más en los documentales que en las ficciones- sino, también, para empujar los límites de la credibilidad del espectador, ponerlo en una situación de incertidumbre respecto de lo que está viendo.

¿Cómo fueron la producción y el rodaje?

Caóticos. Apresurados. Deficitarios (de recursos humanos y materiales). Todos los ingredientes necesarios para salir a patear la cancha -la analogía no es caprichosa- con lo que se tiene, y poner el proyecto en riesgo de echarlo a perder por completo o bien ejecutarlo con una naturalidad que los ensayos nunca permiten y que una producción ordenada nunca permitiría prever.

Mientras miles de rosarinos estaban mirando el Mundial, ustedes estaban grabando. ¿Podés describir cómo es esa Rosario?

Maravillosa, pacífica, silenciosa: es la Rosario sin embotellamientos de tránsito ni señoras con bolsos de calle San Luis en plan atropello. Es, también, una Rosario despojada y vulnerable, casi demasiado silenciosa, y bastante ausente del resto del Universo. Ofrece la oportunidad justa para cultivar cualquier vicio oculto que podría ser mal visto por la sociedad porque, en ese momento, la sociedad no está prestándote atención.

¿Por qué tanta repercusión? ¿En qué medios salió?

Posiblemente porque es una de esas cosas que se dan por sentadas: no existe la gente que no mira el Mundial. Cuando uno se para a un costado y decide, entonces, ponerse a ver de otra manera las cosas que la gente percibe como normales y legítimas, es normal que llame la atención: de algún modo, estás rompiendo con la realidad o, en todo caso, con una realidad. También sorprende ver el discurso extremo y hasta violento de quienes no toleran que alguien no quiera ver un partido de la Selección.

El documental salió primero en ON24 y luego en UAI TV (Canal 4 de Cablehogar, Rosario). De ahí se fue a Radio del Plata (en dos ocasiones, una de ellas con Mónica Cahen D’Anvers y César Mascetti) y a Canal 26. Tuvo cierta -moderada- repercusión en YouTube y en algunos grupos de Facebook y, si todo sale bien, saldrá como parte de un artículo de la revista Questión, que próximamente tendrá su primer número.

¿Qué piensan los fanáticos del fútbol de esos “herejes”?

No sé qué piensan todos, pero sí sé qué piensan algunos, y no es nada bonito. Lo cierto es que causa un poco de pena, por tres motivos especialmente: por la violencia con la que reaccionan, a pesar de que esto ya no debería sorprendernos. Llamar a alguien que no mira el Mundial “antinacionalista, que no quiere a su país”, o sugerir que “no debería estar en nuestro país” es un poco demasiado, tanto como tildar a un chico de doce años de “fracasado” o “gay” o, con toda la solemnidad del caso, sugerir que alguien “no es normal” si no se suma. Por la idea -completamente errónea- que tienen de país y, peor, de nacionalismo, y que nuevamente viene a demostrar la pasión de cabotaje que el argentino siente una vez cada tantos meses, o años -chicas de quince años diciendo “es cuestión de gustos, pero si es por nuestro país”-. Y, finalmente, por la ceguera que provoca en ellos el fenómeno de masas: “son unos amargos; yo no entiendo nada, pero lo miro igual”, dicen.

¿Qué le pasa a la gente en los mundiales? ¿Cómo palpás esa transformación?

La gente actúa, ante los Mundiales, como actúa ante cualquier otro fenómeno de masas, aunque amplificada por estar bajo una misma bandera -y amparada por el fanatismo de un deporte que, dicho sea de paso, muchos ni siquiera saben que no es el nacional-. Durante un mes somos un país unido, que patea en la misma dirección, con un objetivo superior y metas comunes; somos todos amigos, somos todos del mismo bando, de la misma clase social. Es bárbaro que algo así suceda, si no fuera porque después del Mundial volvemos a ser los mismos arrogantes, individualistas y clasistas que siempre fuimos, con partidismos y luchas absolutamente individuales. En nuestro país el fútbol funciona así: seis mil personas destrozan media ciudad porque su club se fue al descenso, al tiempo que son defendidos y legitimados por la sociedad. Ahora bien, si hay que pelear por una ley que nos perjudica a todos, o luchar en contra de ciertas injusticias sociales, juntamos cincuenta personas en una manifestación lastimosa, y con suerte.

Actualmente estás dirigiendo Ese, una revista cultural. ¿Cultura y fútbol son compatibles?

Una cosa no quita la otra; de hecho, la cultura incluye al fútbol -que no al revés-. El número 2 de nuestra revista presenta cuatro ficciones breves -escritas por los cuatro editores- alusivas al Mundial de fútbol. Lo que la cultura no incluye, más allá de las manifestaciones en torno al fútbol que hablan -y muy claro- de cómo funcionamos a nivel social, es la legitimación del fanatismo que conduce al vandalismo, a los comportamientos delictivos -de individuos o del Estado mismo- y, a menudo, a la muerte, como si fuera algo que el fervor futbolístico, muy emparentado al extremismo religioso, pudiese reclamar como una garantía de impunidad.

¿Vas a mirar este Mundial?

No. Voy a estar caminando por las calles con la cámara y parte de mi equipo de rodaje, grabando más imágenes y recogiendo más testimonios de fanáticos, para ampliar -e intentar mejorar- el documental. Que Argentina haga o no un gol me tiene sin cuidado.

TXT: Juan Mascardi – @mjuanro

Publicada en Diario Cruz de Sur, Rosario (Santa Fe)


 

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