Por favor, no más registros

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Cuando entramos a una página de internet podemos recorrerla sin pagar un centavo, o estamos en nuestro móvil y descargamos aplicaciones por la que no hace falta pasar la tarjeta de crédito. Entonces, con cierta ingenuidad, pensamos que todo eso es gratis. No es gratis, lo estamos pagando de otro modo.

Internet es un mercado donde hay tres tipos de moneda: dinero, esfuerzo y datos. Esas monedas se cambian como se cambian las divisas. Por ejemplo, Facebook no nos cuesta dinero y cuesta poco esfuerzo (darse de alta es apenas un formulario de 7 campos). Nos cuesta datos que ellos luego llevan al “mercado de divisas” y lo cambian por dinero, lo cual, en principio, aclaro, no tiene nada de malo. Tal vez un día nos preguntemos a cuántos “esfuerzos” está el “dato”, como cuando preguntamos a cuántos pesos está el dólar.

Cuando ha habido reclamos, por ejemplo, porque las políticas de privacidad de Facebook son abusivas, en realidad es un reclamo porque es muy caro lo que pagamos en datos. Luego le pedimos a Facebook que sea transparente para saber bien cómo utiliza esa información nuestra, incluso somos más exigentes que cuando pedimos transparencia en el dinero de los impuestos. A veces no somos concientes de que nos importa más lo que pagamos en datos o esfuerzo que lo que pagamos en dinero. Razón tiene El Cuarteto.

Todo este cuento para explicar cómo un registro para acceder a contenidos o para recolectar información es una mala idea. Se trata de cobrar un precio alto en esfuerzo en un mercado donde se pueden conseguir cosas más baratas y a veces de mejor calidad. Hablan por sí solas las cifras que reveló un estudio de Blue Research, que se hizo hace unos meses pero que vale la pena revisar. Va una infografía para que sea más entretenido:

Por supuesto estamos partiendo de la idea de que hay un usuario que llegó hasta ese formulario de registro en nuestro sitio, que es uno entre las más de 633 mil páginas de internet del mundo.

Por otro lado, la característica principal de la web 2.0 es que el usuario tenga una participación sobre el contenido, que al menos lo comparta. Estamos en una época en que quien controla la información es quien la libera, no quien la restringe. Muchos registros son muros de pago que usan el esfuerzo como moneda para luego acceder a cierto tipo de información. Le decimos a la gente con el formulario que somos 1.0.

Por supuesto no es que pedir usuarios y contraseñas sea imposible y antinatural, pero la gente espera que el esfuerzo y los datos que invirtieron les den un retorno alto. Vale la pena pensar qué le vamos a ofrecer. Por lo demás, lo mejor es no poner más registros.

 

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