La biblioteca que migró al fútbol

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Hay historias que merecen ser contadas y están ocultas. O de tan visibles que son, no se narran. El puntapié inicial para la escritura de esta crónica fue la afición de un joven colonense de 13 años por el fútbol. La lectura de la revista Super Fútbol lo hizo conocedor de otro panorama, aquel que estaba lejos de las luminarias de Boca, River o el Independiente omnipotente de su infancia. En una de las publicaciones leyó la historia de Biblioteca Ameghino de Venado Tuerto, un particular equipo de la liga de aquella ciudad que combinaba el deporte con la literatura, a una hinchada con ideas y valores que no se encontraban (y encuentran) entre sus pares y una vestimenta que no se adecuaba para nada a los cánones estéticos.

Los destinos de la vida lo hizo amigo de Fernando Gabrich, hermano de Iván, exjugador de Newell’s y el Ajax de Holanda. El futbolista jugó a los 14 años en el equipo de “La Biblio” y en una de las charlas rememoró las peculiaridades de ese centro cultural y deportivo. Ese relato le permitió al fanático colonense recordar aquel artículo leído en su adolescencia y lo motivó para que, en algún momento de su vida, cuente esa historia que tanto lo atrajo.

El entusiasta se llama Juan Mascardi y el 10 de octubre de 2009 viajó a la ciudad del sur santafesino para rodar “La biblio y el fútbol”, una de las cuatro presentaciones del ciclo televisivo “Sustancias Elementales”. Tres años y medio después publica esta nueva crónica, ahora escrita, donde cuenta el proceso de grabación y la historia de “Biblioteca Ameghino”, la institución que selló a fuego una parte de su vida.

La nueva publicación se realizó en la revista “Yorokobu” de España y compartimos un fragmento de la misma. Con ustedes, “La biblioteca que migró al fútbol“.

 

 

“Dijo Gabo: cuando un cuento es bueno tiene que parecer verdad y para que una crónica sea buena ha de parecer mentira”, Alberto Salcedo Ramos cita a Gabriel García Márquez

Los exjugadores se disfrazan de jugadores. El ropaje es anacrónico. Camiseta mitad amarilla y mitad roja cruzada en diagonal, pantalones a discreción, pompones en las medias, zapatillas para algunos, para otros botines usados. Se reencuentran y se cambian en un vestuario ajeno. Dos décadas después pretenden entonar los viejos cánticos. Desafinan con el ritmo de Sobreviviendo del cantautor Víctor Heredia. Le cambian la letra:

Tomamos vino puro en damajuana
y los boludos dicen que es marihuana…

Luego, el anti-insulto, la canción que desconcertaba a los rivales.

Ay qué ordinarios
son los contrarios
ellos tocan el bombo con la manguera,
eso a nosotros si nos desespera

Salen a la cancha. Hay menos de veinte simpatizantes desperdigados en las gradas de madera y cuatro banderas: ‘Enamórese’, ‘La vida ataca a los molinos’, ‘San Eduardo contigo puedo’ y ‘Tristeza aquí no entrás’. El viejo director técnico Dionisio Rubio, un ex comisario que abandonó la Policía de Santa Fe por no aceptar las órdenes criminales que emitía la cúpula de la fuerza durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, habla. Les habla.

“Hoy es un día histórico para el fútbol. Esto es muy hermoso porque nos volvemos a encontrar después de veinte años. Ustedes fueron verdaderos cracks, jugadores que convocaban hinchas de otros clubes que venían a verlos”.

 

Para leerla en forma completa, ingrese a este link.

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