Autoestima cultural

By Flavio Vargas Gomescásseres | octubre 8, 2013 at 4:11 pm | No comments | Columnistas, Tinta digital | Tags: , , , , , , , ,

El mundo de la comunicación está lleno de repeticiones. Quien sabe hacer su trabajo entiende que lo raro, lo imposible, es acertar a la primera. Los de la parte gráfica siempre ajustan sus dibujos y diseños, los del mundo digital revisan y corrigen su maraña de contenidos, los que escriben hacen versiones y versiones de un texto como lijando una tabla. Habrá quien publica sus primeros intentos, pero los buenos autores, en cualquier medio son mejores por lo que borran que por lo que publican.

Hace años, García Márquez ya se había referido a los novelistas en esos mismos términos. Y de todos modos, luego de limpiar, pulir, cambiar, quitar y corregir, lo raro, lo imposible, es que todos los errores se hayan ido.

La ventaja de esos errores es que a veces resultan imperceptibles, como cuando en una película uno no se da cuenta de que el actor en una escena tiene una camisa a rayas y en otra tiene una camisa a cuadros. Si el error está escrito en español, puede resultar todavía más imperceptible.

Un día pusimos en marcha una integración de tres páginas de internet, con transmisión en directo, documentos, videos, etc. Se trataba de unas 30 personas conectadas en red en diez países, atendiendo todos los frentes de un evento que se haría en Washington. Por supuesto, había que lidiar con dos idiomas: español e inglés. Todo el equipo revisó sus versiones de lo que le tocaba hacer en redes sociales, en notas de prensa, en anuncios gráficos, en los textos de internet, en los archivos, en el nombre del personaje que habla, en las traducciones. Luego de ocho horas de transmisión en línea llegó el aviso de uno de los espectadores. La avenida donde estaba el lugar del evento estaba mal escrita: “es Pennsylvania” decía el correo. Nos faltó una n.

De todo lo que se publicó y hacía parte de la carne de lo que sucedía en el evento, nadie mencionó si faltó otra letra, un punto, ni una palabra. Errores o gazapos que estuvieron ahí, pero que no se vieron. Estaban todos en español.

Pensé en esa preocupación del hispanoparlante de proteger el inglés. Pensé en esa “n” que no asistió al evento de Washington y en lo que esa preocupación dice de nuestra identidad.

Hablamos y escribimos como pensamos. En lo que decimos se esconden mensajes sobre cómo pensamos y qué pensamos, cuando vemos cómo una palabra se asocia con otra queda en evidencia el criterio del que escribe porque va revelando inevitablemente el por qué asocia una idea con otra. Y el criterio da muchas pistas sobre cuáles son las medidas contra las que se compara el autor, o el que corrige, dónde establece sus preferencias y dónde sus diferencias. Da una idea de su identidad, porque la identidad es eso, una comparación constante para definir a qué nos parecemos y en qué nos diferenciamos.

Y esto me hace pensar en por qué corregimos el inglés y se nos hace invisible el español. No se trata de ignorar las correcciones de otros idiomas, porque en las correcciones hay aprendizaje. Siempre recordaré que la avenida Pennsylvania lleva dos enes.

Una corrección como la del correo muestra un interés genuino por proteger un idioma que no es nuestra moneda corriente. Y la invisibilidad del español muestra desinterés, al menos despreocupación. Si lo que decimos nos identifica, dice quiénes somos, tal vez tengamos entreverado un complejo de inferioridad lingüística. Establecemos una medida en la que hay afinidad en inglés y distancia en castellano. Pareciera que estamos haciendo un esfuerzo por mostrar todo lo que sabemos de aquello que no somos. Sugerimos que no somos, sólo que aspiramos ser.

Acerca del autor

Flavio Vargas Gomescásseres

Editor de medios digitales, diseñador visual y fotógrafo. Arquitectura de la información. Estrategia digital. Fue director de programas de la FNPI (Colombia) y asesor de proyectos de la Fundación Tomás Eloy Martínez (Argentina). Twitter: @flaviovargasg

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