El llamado más feliz y los 20 años de la Fundación de Gabo (una carta a Jaime Abello Banfi)

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Por Juan Mascardi

Querido Jaime:

La llamada más feliz de mi vida la recibí en septiembre del 2007 y llegaba desde Colombia.  Llegaba desde Cartagena. Llegada desde la calle San Juan de Dios.

 
Era una época sin Facebook, ni Twitter. Y en mi caso, sin celular. Hacía poco tiempo que me había ido del noticiero de Cablevisión de Rosario, con lo cual mi red de contactos vía mail había quedado “archivada para siempre” en una vieja PC de la sala de prensa, en una dirección de correo electrónico que dejó de existir el mismo día que abandoné ese noticiero. Era un hombre de prensa casi desconectado, y un tanto inhallable para los responsables de la logística del Premio Cemex-FNPI.  Hasta que un día, un tal Flavio Vargas, me dio la noticia: “Son finalistas de los Premios, los esperamos en octubre en Monterrey”.
 
Nosotros, un grupo de periodistas que iba entre los 19 y 33 años –yo era el más viejo, el de 33- ya habíamos celebrado estar entre los 20 preclasificados en la categoría TV. Y ese llamado de Flavio lo consideré excesivo: con una crónica audiovisual sobre la difusión de la cumbia en las radios de baja potencia de mi pueblo, Colón, habíamos empardado a producciones donde los secuestros, las guerras y los desastres ecológicos estaban a la orden del día. Con una crónica de bajo presupuesto habíamos podido igualar a las grandes cadenas de TV de Latinoamérica.
 
Pero querido Jaime, ese premio no fue la mejor lección de la FNPI.
 
La mejor lección había ocurrido varios años antes. Y fue aprender de la derrota.  En 2003 se cumplía el segundo aniversario del diciembre trágico. Rosario, la ciudad que marca el pulso de los reclamos sociales, fue la pionera de los gritos, los saqueos, el estallido social. Un día antes que renuncie el presidente Fernando De la Rua, la ciudad santafesina ya lideraba el triste récord de crímenes provocados por una violenta y aceitada represión policial. El área de prensa de Canal 6 cubrió los hechos con siete equipos. Esquivando las balas, estando en el epicentro del reclamo y registrando la llegada del militante social Pocho Lepratti gravemente herido al Hospital de Emergencias; el material audiovisual quedó eclipsado por lo que emitían las cadenas satelitales de noticias. Por ello, dos años después, decidimos hacer ‘Dos días, el fin de una década’recuperando el archivo, cuestionando la lentitud judicial, procurando mostrar lo que casi no se había visto.
 
Luego de recorrer algunos festivales y ganar un par de premios de las Asociaciones de TV por Cable de Argentina tomamos impulso y nos lanzamos a participar del Premio Nuevo Periodismo de la FNPI. Lejos de ganar, nos llamó la atención el veredicto del jurado: “Vemos que la mayoría de los 124 trabajos presentados tienden a ocuparse de las situaciones más extremas –cárceles, corrupción, crímenes (…)- que, por supuesto son centrales, pero no dejan espacio para el relato de otros aspectos de la vida cotidiana de nuestro continente”. El acta fue insignia para nosotros, la FNPI como guía. Había que salir a contar  a la América no narrada. ¿Cómo hacerlo?
 
Los interrogantes que siempre nos abrió la FNPI fueron como las luces de un faro que ilumina los caminos zigzagueantes del periodismo. Estas anécdotas breves son algunos ejemplos aleatorios que condensan todo lo que siguió después de la llamada más feliz de mi vida.
 
Tengo el honor de pertenecer a la segunda generación de periodistas formados en los talleres de la FNPI. Mario Tascón, Marcelo Canellas, Alberto Salcedo Ramos han sido mis maestros. He participado de seminarios y he tenido la satisfacción de acceder a una mención de honor del Premio Roche y  una selección oficial del innovador Premio Gabriel García Márquez. De aquella era sin redes sociales hoy poseo el mayor capital que puede acceder un comunicador: una cálida red humana. Los verdaderos operadores del faro del periodismo latino.
 
Gracias Jaime, a vos y a tu equipo. En memoria del gran Gabo: ¡Sigan iluminándonos!
 
Los necesitamos
 
¡Felices 20 años!
 
Un abrazo gigante desde Rosario

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