«El laberinto de las lunas»: un documental que abraza la diversidad trans

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Podrían decirse muchos datos sobre Lorena, Maira y Karla a simple vista. Podría decirse, sin dudas, que transgreden lo establecido y autodefinen su propia identidad; que en el living de su casa, en esas largas tardes con mates y esmaltes de uñas de por medio, eligen hablar entre risas de lo que las atraviesa como personas disidentes; que enarbolan con orgullo y desfachatez esa otredad que las conforma y eso, se les nota al gesticular. Pero también, podría decirse, por encima de todo, que hay una sociedad que las calla y las margina: el 80% de las transexuales de América Latina muere antes de los 35 años. Entonces, podría decirse: hay silencios que matan.

Nuestra sociedad está regida por un paradigma heteronormativo que se encarga de clasificar y reducir la expresión de género a un binarismo -limitante- masculino y femenino. Este es uno de los principales pilares del patriarcado que reprime el sentir y la manera de autopercibirse de los colectivos disidentes. En otras palabras más burdas: hace la vista gorda. Su forma de actuar varía, pero la consecuencia es siempre la misma: la exclusión, discriminación y el odio hacia aquellos que no se identifican con alguna de esas dos categorías. O si, pero de una forma que la hegemonía no considera aceptable. Sin embargo, hay que tener en cuenta que detrás de una gran indiferencia hacia un sector vulnerable, también hay una gran lucha por resistir y combatir. Y en ese proceso, siempre están los que eligen pararse de un lado de la vereda y alzar su voz para no seguir permitiendo el silencio ensordecedor por parte de quienes deberían amparar y garantizar derechos.

«El laberinto de las Lunas”, largometraje documental dirigido por Lucrecia Mastrangelo, es un proyecto que busca visibilizar las realidades de un universo diverso que tan lejano -pero tan cercano- puede resultar para algunos. Son historias de mujeres travestis que buscan derribar prejuicios mostrando su forma de vida, su contexto y sus vulnerabilidades que uno, a veces, conoce solo de oído. O ni siquiera. Plantea lo diferente que hubiera sido la niñez de las protagonistas -no solo del documental, sino de la vida y el mundo que nos rodea- si hubieran sido abrazadas desde la infancia por una madre, por una familia, por una educación y por un Estado. También participan con su testimonio, Gabriela Mansilla, mamá de Luana, la primer nena trans en conseguir su documento de identidad en Argentina y Susy Shock con sus poemas y reflexiones a lo largo del documental. Su estreno será el viernes 22 de noviembre a las 20:30 en el cine El Cairo (Santa Fe 1120) con entrada gratuita.

Si bien en Argentina, en mayo del 2012, se sancionó la ley 26.743 que entiende a la identidad de género como “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente”, la sociedad, aún hoy, no está a la altura de enfrentarse y hacerse cargo de la diversidad. Para avanzar es importante comprender que el sexo anatómico asignado a cada persona al momento de su nacimiento no determina su género. Éste es producto de una construcción social que varía cultural e históricamente. El derecho a la identidad debe garantizarse y respetarse en todos sus ámbitos: educativo, laboral y de la salud; lucha cultural que se sigue batallando. Es fundamental que su dimensión se vuelva cotidiana para repensar y reconstruir el posicionamiento y acceso social que las personas trans deben gozar. Los vericuetos que salen a la luz a la hora de conseguir empleo con el escueto cupo laboral trans en el sector público, o al acceder al sistema de salud y, ni hablar, con la nula o escasa aplicación de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas, dejan en claro que la promulgación de una ley no garantiza derechos y que, a veces, es la misma sociedad la que atrasa.

A esta altura podría decirse, sin dudas, que hay silencios que matan; que lo que una sociedad calla y margina nunca debe ser pasado por alto: allí residen las bases principales para la construcción de un mundo más igualitario; y que siempre, pero siempre, en esas profundidades que algunos se niegan a reconocer, hay historias para contar que, al visibilizarse, se transforman en un grito colectivo que se vuelve difícil de ignorar.

Por Angeles Fonti.

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