CIITI: interfaces cerebro-computadora como herramienta de rehabilitación

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El pasado jueves, en las instalaciones de la Universidad Abierta Interamericana de Rosario, se llevó a cabo la diecisieteava edición CIITI: Congreso Internacional en Innovación Tecnológica Informática. La bioquímica Victoria Peterson formó parte del bloque “Arquitecturas y desarrollos tecnológicos innovadores”, y habló sobre las “Interfaces cerebro-computadora como herramientas de rehabilitación: un enfoque desde el aprendizaje de máquinas”.

Peterson destacó que 80 mil personas en Argentina cada año sufre accidente cerebrovascular, lo que significa que permanecen con algún tipo de función en un medio superior, por ende baja la calidad de vida de la persona al tener menor independencia. 

Para su tratamiento, hay terapias de rehabilitación convencionales donde el objetivo es recuperar la movilidad del brazo afectado, pero se llega a un nivel estacionario. La terapia de recuperación común o asistidas por robot permiten que la persona posea determinada movilidad en su parte del cuerpo afectada. El principal generador de esto es el cerebro. 

Por lo tanto, se están llevando a cabo nuevas herramientas de rehabilitación en terapias asistidas por robot donde la persona no esté de manera pasiva sino más bien lo haga a partir de una intención, es decir que piense en el movimiento. Esto se puede hacer a partir de las interfaces de computadora.

Las interfaces cerebro-computador, también llamadas BCI por sus siglas en inglés, permite la comunicación directa del cerebro de una persona y el mundo exterior. La definición actual es el efecto de un sistema que mejora, traduce y restablece dicha salida del cerebro muscular. A su vez, entre otras aplicaciones, se pueden encontrar las BCI rehabilitativas que se realizan con inteligencia artificial e inteligencia en computadoras.

El paciente que participa de la investigación, posee un casco que permite a los científicos observar la actividad cerebral del mismo y el tipo de retroalimentación. Asimismo, la persona puede estar correlacionada o no, con el deseo de movimiento al no poder hacerlo. De esta manera, se tiene una mejora a nivel motor y mejora a nivel cerebral.

Es necesario medir la labor del cerebro debido a que el cuerpo necesita traducir una señal de eje a un comando. Todo es un algoritmo de producción. Luego de adaptar el comando, se obtiene una aplicación final, en este caso un proceso robótico. El mismo se realiza por medio de un paradigma: una forma de comunicación.

Victoria mencionó en su discurso que hay que tener en cuenta la apertura y cierre del comando dominante al pensar, puesto que la manera de pensar cambia en la información brindada por los electrodos. “No es posible distinguir si se está moviendo los dos dedos o los pies”.

Para una clasificación, se necesita un conjunto de datos de entrenamiento que esté etiquetado, en donde se confía que en que la persona maneja el movimiento que se le solicitó.

Al finalizar, Victoria presentó una base de datos propios que realizó junto a un equipo de Zúrich, Suiza, lugar donde realizó parte de sus estudios. Este método de interfaces cerebro-computadora se pudo probar mediante una evaluación en tiempo real dividida en dos sesiones, donde la persona experimentaba y se sometía. “Los resultados fueron eficaces”.

Por: Candela Agusti e Inés Platini

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