Museo Castagnino: la historia del arte rosarino

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Una imponente estructura se encuentra en Rosario. Esa, fue construida en en el año 1937 pero la historia que carga se remonta a mucho tiempo atrás cuando un grupo de jóvenes decidió poner una mirada en el arte. Entre Av. Pellegrini y Oroño vemos una construcción que data del siglo pasado. Esa es una obra de arte realizada por dos arquitectos de lujo de esa época, Hilarión Hernández Larguía y Juan Manuel Newton. Fue hecha en memoria la idea de un hijo. Rosa Tiscornia fue la propulsora de este edificio que adoptó un prestigio nacional e internacional. Pero esta historia, la del Museo Juan B. Castagnino, comienza tiempo atrás y hoy continúa, ya con esa reputación característica. Alejandra Moreno, Encargada del Departamento de Educación del museo, aborda esa historia y cuenta en detalles el proceso histórico de más de cien años que tiene el museo. Algo que inició con una idea de un grupo de jóvenes y hoy sigue como un proyecto que engloba a toda la ciudad y a todos sus artistas.

Alejandra comienza su relato en 1917, cuando en la Biblioteca Álvarez, un grupo de personas se reunían y se hacían llamar Asociación el Círculo. En ese año se realiza en primer salón de arte en la ciudad. Esa sociedad con el tiempo devino en la Comisión Municipal de Bellas Artes. El primer salón estaba en Santa Fe 850, pero la idea de estos jóvenes no era quedar solo en eso, sino querían ir en búsqueda de un Museo y de una Escuela de Arte. Finalmente, en el 1920, se hace el Museo de Bellas Artes en la misma sede del centro. En este grupo participaba Castagnino, el era muy activo en todas las exposiciones y además, era un visionario. En esos tiempos se hicieron los primeros concursos para la adquisición de obras y a partir de ese momento de forma la colección que perdura hoy. Juan Bautista era una persona que viajaba mucho a Europa y por consiguiente, visitaba los grandes museos del mundo. Era un gran admirador del arte religioso y barroco, como así todo lo del renacentismo. Cuando comienza la época de las guerras, este comienza a adquirir arte argentino, así él comienza a tener su propia colección. Castagnino falleció muy joven a los 41 años por efecto de una septicemia.

Su madre, Rosa Tiscornia, decide seguir con la misión filantrópica de Juan Bautista y toma la determinación de donar el dinero para poder comenzar la construcción del establecimiento que hoy continúa en ese mismo lugar de Rosario. Hernández Larguía y Newton son los encargados de diseñar y llevar a cabo la construcción de este edificio. El Museo Castagnino se inaugura en 1937. Pero anteriormente, existe una idea del hermanos Guido, uno edificador del Museo a la Bandera, de hacer este en otro lugar. El plan de estos dos era hacerlo en el Parque Independencia, en el mismo lugar donde está el Museo Histórico. Pero hubo un problema, las autoridades de la provincia querían que en este se unieran exposiciones de arte, ciencia e historia. La Comisión de Bellas Artes se opuso fuertemente a esta idea y finalmente se hizo en la sede que aún se mantiene. Aquel arquitecto constructor del edificio actual, Hilaríón Hernández Larguía, fue el primer director del museo.

Las colecciones ya obtenidas cuando la sede era otra, pasaron a estar en la nueva y artistas reconocidos, como lo era Berni, comenzaron a dar obras. Así todo comienza a agrandarse a partir de concursos y donaciones, que también venían de las familias de mejor estatus. “Tener arte en una casa marcaba tu posición”, dice Alejandra. Estas tenían obras de a montones para mostrar. A partir de que estas quedaban sin un heredero, ese arte pasaba a ser parte del museo. En este proceso en el que se agrandaba el Castagnino, fallece Rosa Tiscornia y su familia decide donar todas las obras que tenía Juan Bautista. Donde había una gran colección de arte europeo y argentino.

Cuando el museo todavía era un salón en calle Santa Fe, se realizaba la primera compra. Era un Fernando Fader, realizado en ese mismo año. Eso marcaba el progresismo del grupo al instaurar la contemporaneidad del museo, que perdura. En el año 1931, el Castagnino se abre al mundo y el director de ese entonces, toma la decisión de comprar unas doscientas piezas de lámina a alemania de artistas con Van Gogh o Gogent. Esta determinación viene a partir de querer instruir a los visitantes en lo que era el arte universal. Este tenía un muy difícil acceso en la época, para ver esas obras se tenía que viajar a Europa. Todas estas adquisiciones y donaciones que fue adoptando el museo hizo que hoy se el segundo en importancia a nivel nacional, luego del Museo Nacional de Bellas Artes y ser el más importante a nivel mundial en arte contemporáneo argentino.

En el año 2000, se comenzó a pensar más seriamente en esto y se comienza a adquirir más obras de artistas rosarinos contemporáneos. Pasado un tiempo, la municipalidad decide donar los Silos Davis, para construir el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO). Haciendo que este, sea la continuidad del Castagnino. Se lo funda en 2004 y la Fundación Antorcha hace una donación de más de treinta obras de argentinos contemporáneos de primer nivel, que el director de ese momento decide duplicar luego. En ese momento los artistas rosarinos comienzan a dar sus obras por precios muy módicos porque todos querían pertenecer al museo. Hoy en día, el Castagnino cuenta con 4.800 piezas de arte de las cuales se exponen alrededor de doscientas.

Francisco Quatrin

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